
¡Cuánta mentira y cuánta hipocresía rezuman los poderosos que dirigen el mundo!
En su ansia de poder compiten unos con otros para alzarse con el trono del más poderoso: Todos padecen el síndrome de Dios.
Nunca están satisfechos; su corazón es un agujero negro de ambición.
El pueblo está muy enfadado, terriblemente cabreado, deprimido y sin esperanza. Cada día se hunde más y más en la miseria y esto no conduce a nada bueno.
El gobierno me recuerda un trabalenguas: "Amigo Digo, donde digo Digo no digo Digo que digo Diego, que por decir Diego he dicho Digo, pero no digo lo que digo que digo Diego".
Y la oposición me rechina en su discurso de don erre que erre, una y otra vez repitiendo lo mismo como un disco rayado.
Me producen auténtico asco.
Unos y otros rezuman odio en sus discursos; sólo anhelan más y más poder mientras nos esclavizan.
Hordas de corruptos invaden sus filas...
Y en el pueblo aumenta el paro, el hambre, el frío y la sed. Y también el odio hacia ellos.
Como Atila, exterminan todo a su paso. No sólo nos han robado el dinero, también la alegría.
Nos están ahogando día a día mientras ellos nadan en la abundancia: ELLOS, LOS QUE HAN PROVOCADO LA CRISIS
